¿Los hombres pueden ser feministas?

¿Los hombres pueden ser feministas? Es un pregunta bastante complicada, pero la vamos a aclarar de una vez por todas. 

Empecemos por el principio, el término “feminismo”, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, es “el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”. No es un movimiento radical ni una ideología separatista. Es un principio que busca que, tanto hombres como mujeres, tengamos las mismas oportunidades ¿Hasta aquí estamos de acuerdo?

Bueno, lamentablemente, el término feminista, se ha vuelto para muchos y muchas, una palabra asociada a lo “anti-masculino” y lo contrario a lo “femenino”. Suena absurdo, pero lo es. Existe un gran debate sobre el impacto que tienen el uso de las palabras. Otro gran punto de discusión, y que es de lo que queremos hablar hoy, es la participación de los hombres en el feminismo. 

¿Los hombres pueden ser feministas? 

La respuesta es un rotundo si. Déjenos explicar las razones. El feminismo desde sus inicios se concibe como una potencia de transformación que nos atraviesa a todos como sociedad, entonces, sería absurdo llevar los temas sociales a solo la mitad de ella, ¿no? Si lo pensamos con detenimiento, la mayoría de las conversaciones sobre igualdad de género, se llevan a cabo entre mujeres y desde mujeres, pero no se abre un dialogo real con quienes tendrían que ser nuestros pares. 

Si bien existe un espacio para los hombres en el feminismo, tampoco pueden, ni deben jugar un rol protagónico. Simplemente, si ellos son parte del problema, también deben ser parte de la solución, sin ser los que lideren el movimiento.

Su función, entonces, consistiría en escuchar, comprender y actuar, porque aunque los hombres sean abiertamente feministas, nunca sabrán realmente la magnitud del problema.

La lucha por la igualdad de género, también es algo que les afecta, ellos también son víctimas del patriarcado, -aunque en menor grado- y aunque quizás no tengan idea. La imposición de roles, los ha llevado a asumir actitudes y acciones que en el mundo utópico no existirían.

Desde la supresión de sus propios sentimientos (porque los hombres no muestran debilidad), la presión de ser exitosos y económicamente superiores (porque los hombres deben de proveer), la negación a los problemas emocionales/mentales (porque los hombres no lloran), hasta su código de vestimenta, la forma en la que hablan y la manera en la que ejercen su sexualidad; son el resultado evidente de que el patriarcado, les ha puesto algunas trampas sin que ellos se dieran cuenta. 

Con esto no estamos diciendo, ni por un momento, que sus conflictos sean comparables con los nuestros, pero quizás entendernos y escucharnos, sea un excelente primer paso para entablar una conversación global.

Si es cierto que el feminismo no necesita a los hombres en su lucha, tampoco debería alienarlos, porque son ellos a quien queremos hablarles, son quienes necesitamos que cambien. 

Es verdad que las consignas en todo el mundo, coinciden en que los gobiernos deberían hacer más para protegernos, pero lo que realmente deberíamos pedir, es que los hombres no maten, no acosen y no violenten de ninguna forma a una mujer. De nada sirve tener leyes más duras, si el cambio no viene de dentro. No necesitamos que la policía nos cuide, necesitamos que los hombres dejen de lastimarnos. Y ese cambio radical, ese sueño de las feministas de ayer y de mañana, puede hacerse realidad si como madres, tías, hermanas o abuelas, comenzamos a compartir esta maravillosa ideología feminista con los niños, porque podemos evitar que ellos se vuelvan parte del problema y comiencen a ser el resultado de nuestro esfuerzo. 

Es por ello que cuando un hombre se define como feminista es una batalla ganada, en esta gran guerra que llamamos búsqueda de la igualdad. 

El patriarcado no se va a caer, lo vamos a tirar, y si lo hiciéramos todos juntos seria mucho más fácil.